10 octubre 2007

Retroacciones

Retroacción, feedback en inglés, es una palabra que conviene tener a mano a la hora de intentar comprender porqué es tan difícil evaluar el impacto que tendrá cualquier acción externa sobre el sistema climático. Cuando uno empieza a indagar, siempre tiene la sensación de que algo se le escapa de las manos, siempre hay alguna cadena de acontecimientos, que se activa de manera inesperada.

Un ejemplo típico para explicar el rol de las retroacciones, es el del la interacción entre el albedo (la porción de energía recibida que es reflejada por la superficie de la Tierra) y los hielos árticos. El hielo, al ser blanco, refleja una parte importante de la luz solar que recibe. Esta energía reflejada no contribuye al sistema. Así, si por alguna razón, subiera la temperatura de la atmósfera cercana a la superficie del océano, parte del hielo polar se fundiría, de manera que más energía solar podría ser absorbida por el mar. Esto contribuiría a la subida de la temperatura que, a su vez, reforzaría el proceso de fusión del hielo, y así sucesivamente. Esta retroacción, es llamada positiva, porqué que acelera el proceso. También existen otras retroacciones, llamadas negativas, que contribuyen a la estabilidad del sistema.


Este es un ejemplo ideal para los libros de texto, el problema, es que la realidad, va mucho más allá. Un buen ejemplo, es el artículo que un grupo de investigadores del Postdam Institute for Climate Impact Research, publicaron el pasado mes de agosto en el Journal of Climate. En él, los autores describen una inesperada retroacción negativa, es decir, estabilizadora, entre la corriente termohalina y los hielos árticos.


La corriente termohalina juega un rol muy importante en el clima actual, es debido a ella que, a pesar de estar a la misma latitud, dos ciudades como Nueva York y Madrid tienen climas tan diferentes. Esto es así porqué la corriente, una gran cinta transportadora global, transporta energía desde las calientes aguas tropicales hacia Europa. Uno de los motores de la corriente se encuentra en el Atlántico norte, en concreto, es el hundimiento de las aguas frías y saladas en esta región que mantienen la cinta transportadora en marcha. Si, de alguna manera, este mecanismo fuera afectado, el impacto sobre el clima sería serio. De aquí el interés en estudiar en detalle su funcionamiento.


El artículo mencionado desvela el descubrimiento de una retroacción negativa sobre la corriente termohalina. El mecanismo funcionaría de la siguiente manera: la capa de hielo que recubre el océano, actúa como un aislante, evitando que éste pierda energía hacia la atmósfera. Así, en caso de que parte del hielo se fundiera, el océano perdería más energía y se enfriaría, lo que reforzaría la corriente termohalina. Resultado que es bastante esperanzador.


Como podéis ver, todavía se nos escapan unos cuantos detalles sobre el funcionamiento de nuestro clima.

Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog es Pere Quintana Seguí, quien las escribe y hace devolución expresa de ellas al Dominio Público.